¿Puede ser posible
que en este mundo hayan más personas en soledad que felices? Tengo muchas
personas a mi alrededor… pero no tengo una sola que sea capaz de ver a través
de mis sonrisas falsas, y de sentir, no por mí, pero si conmigo, todo ese
remolino confuso de emociones que viven arañándome el interior como si no
fueran mías. Quisiera recuperar los amigos viejos que he perdido… como en otoño
los fuertes robles pierden sus hojas, dejándolos completamente al descubierto y
exhibiendo la soledad de sus ramas cuando es el helado invierno quien abraza
las brisas que lo golpean. Pero he aquí el delgado reflejo de luz en esta
enorme oscuridad: El roble se mantiene firme, Con o sin sus hojas, el roble
resiste al duro invierno y sus constantes golpes. El roble no se dobla, y eso…
eso es de admirar. En momentos de soledad nos convencemos de que no podemos
seguir y que nuestro camino dejó de tener sentido hasta este punto. Sin
embargo, la única verdad que debe estar invadiendo nuestra mente y alma, es que
en realidad no estamos solos. En realidad tenemos el mayor soporte que
podríamos necesitar… esa fuerza que nos mantendrá de pie en medio de la
tormenta, esa esperanza que nos aleja de pensar en salirnos de este juego que
es la vida. Como seres humanos, vivientes y pensantes, nos tenemos a nosotros
mismos. Ese es el único lugar de donde podemos crear nuevas metas para superar
los miedos y la soledad. ¿Será fácil seguir el ejemplo del roble? No lo sé en
realidad… pero nada se pierde con intentarlo.
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